martes, 15 de marzo de 2016

LA METÁFORA: CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD

LA METÁFORA: CONSTRUCCIÓN DE LA REALIDAD

Históricamente en el lenguaje, la metáfora ha sido empleada como una forma de sustitución, con el objetivo de adornar o hacer más clara una idea, refiriéndose por lo general a alguna característica puntual que tiene la virtud de poder ser relacionada una imagen. Por ello, las metáforas han sido utilizadas en la literatura como una forma de facilitar la comprensión de un concepto, por ejemplo: cabellos de oro; ojos color selva u ojos color mar.
Las metáforas también se expresan de distintas maneras, no podemos limitarlas a un ejercicio literario o propio de académicos e intelectuales, porque estas merodean en el habla de todas las personas.
La primera y más elemental de las metáforas, la tradicional, consiste en usar una palabra en un significado no habitual, es el vínculo de dos ideas. “La primera relacionada con la palabra, es decir, el termino real y la otra, la idea nueva, la que uno le atribuye” (García Marcela, epub, pg. 28).
“Esta metáfora era vista desde una definición nominal y taxonómica”, considerada como un mero accidente de la denominación. Desde esta perspectiva, el centro es la palabra, por lo que pueden ser traducidas literalmente en la medida en que no están supeditadas a un contexto, y no suponen realmente una innovación semántica.
En la actualidad, podemos encontrar otra serie de definiciones de metáfora, como lo son la metáfora de invención y la metáfora convencional desarrolladas por Paul Ricoeur, George Lakoff y Mark Johnson respectivamente.
Paul Ricoeur desarrolló su teoría desde la retórica actual, cuestionándose por las causas generadoras de la metáfora, ubicándola en el plano del discurso. Concluye que la metáfora afecta la identidad semántica, pues la palabra solo tendrá significado en la frase. Este autor retoma a Benveniste quien dice que “La palabra no es el centro, sino que lo es el discurso o frase de la que hace parte”, la palabra es en cuanto implica sentido, un elemento constitutivo de la oración es decir que ellas se limitan a hacer referencia a las partes del contexto que faltan. Esto es movilidad de la significación donde la palabra puede tener múltiples significados y pertenecer a contextos diferentes, lo que genera todo un juego de posibilidades interpretativas en el discurso.
Por lo anterior este tipo de metáfora no puede ser traducida literalmente; para entenderla hay que darle un contexto pues el sentido lo da la unión de las palabras que por sí solas no se relacionan en su significado literal. Es por ello que la metáfora puede dar un significado distinto al mismo texto, dependiendo de quién sea el que lo analice; porque este nexo entre la objetividad del emisor y la subjetividad del receptor, va a generar conceptos distintos dependiendo de que estímulos se susciten en este último.
Así es como Ricoeur vislumbra el nuevo horizonte en lo que a metáforas se refiere, argumentando que estas van más allá de la comparación y la sustitución de una palabra por otra con un sentido figurado sino que es en el discurso (entiéndase por discurso como el conjunto de enunciados con que se expresa, de forma escrita u oral, un pensamiento, razonamiento, sentimiento o deseo) donde emerge esa nueva significación e innovación semántica.
Metáfora Convencional:
De manera inconsciente usamos la metáfora en la vida cotidiana, desconociendo en ocasiones siquiera que es una metáfora. Esto quiere decir, que las metáforas hacen parte de un aparato conceptual en el que a su vez participan los elementos de una cultura. Corresponden a “la caracterización conceptual de las experiencias cotidianas”; atañen al conocimiento dado que la función primaria de la metáfora es cognitiva y además es ella la que configura la percepción de la realidad y el pensamiento.
Según G.Lakoff y M. Johnson existen tres tipos de estructuras conceptuales metafóricas.
En primer lugar está la metáfora estructural en la que una actividad o experiencia se estructura en términos de otra. Un ejemplo propuesto por Lakoff y Johnson es que una en la cultura occidental una discusión se piensa en términos bélicos; pero no es natural que entendamos una discusión como una guerra, porque “el problema de este tipo de pensamiento, que es nuestro pensamiento, es que una metáfora siempre oculta algo” (Celso Lunghi, comentario sobre el libro “Metáforas de la vida cotidiana", Citas de radio) En este caso, lo que se está ocultando es que una discusión también tiene un valor positivo de enriquecimiento de las partes, en cuanto estas pueden mejorar sus propios argumentos.
En segundo lugar está la metáfora orientacional, que no estructura un concepto en términos de otro sino que “organiza un sistema global de conceptos en relación a otro” (Lakoff y Johnson, Metáforas de la vida cotidiana, pg.50) y hacen referencia a la orientación espacial: arriba-abajo, dentro-fuera, delante-detrás, profundo-superficial, central-periférico. Surgen de la relación del hombre con el medio, es decir que gracias a la cultura, se han configurado a través de los años unas imágenes que reflejan la realidad y brindan una visión mucho más familiar de un concepto cualquiera.
William Nagy por su parte ha estudiado ampliamente la espacialización arriba-abajo que se usará para profundizar este tipo de metáfora. En todo caso estas solo se sugieren pero, no se pretende mostrarlas como definitivas.
Arriba podría entenderse como algo positivo porque hay unas bases físicas que sustentan esta afirmación, por ejemplo; una postura erguida, por lo general acompaña una estado emocional positivo; el status social se vincula con el poder y
este va arriba, es por esto que los barrios influyentes se sitúan, de costumbre, en las colinas o laderas; en nuestra cultura, se piensa que el hombre domina a los animales y a las plantas porque tiene capacidades exclusivas que lo diferencian de todos los seres vivos. Pero la impresión que tenemos de lo malo, triste, débil, feo e inferior la relacionamos con lo que esta abajo ya que nuestra cultura y las bases experienciales nos brindan las herramientas para la construcción de estas imágenes colectivas.
Las metáforas espacializadoras tienen sus raíces en la experiencia física y cultural; no son asignadas de manera arbitraria. Una metáfora puede servir como vehículo para entender un concepto solamente en virtud de sus bases experienciales. Es por esto que hay muchas posibles bases físicas y sociales para la metáfora. La coherencia dentro del sistema global parece ser parte de la razón por la que se elige una en vez de otra. Por ejemplo, la felicidad también tiende a correlacionarse físicamente con la sonrisa y un sentimiento general de expansividad porque nuestra experiencia física y cultural proporciona fundamentos necesarios para la conformación de este tipo de metáforas. ¿Cuáles son los elegidos y cuáles se convierten en los principales? Esto puede variar de una cultura a otra porque sus costumbres y forma de pensar también lo hacen.
Es así como las dos partes de cada metáfora, el valor y la vivencia física, están unidas por una base experiencial, y que por medio de estas podemos comprender: la sociedad, las formas de valoración, la cultura, entre otros.

Finalmente encontramos dentro de las estructuras metafóricas convencionales, la metáfora ontológica, que se emplea para definir un fenómeno en términos de entidad, sustancia y demás. Esto quiere decir que las metáforas son más que una parte de la lingüística, las metáforas pueden caracterizar nuestras experiencias cotidianas.
En conclusión, las metáforas son la construcción de la realidad, que configuran el pensamiento, y están sujetas a un universo de posibilidades, que hacen parte no solo del lenguaje culto, sino también del lenguaje cotidiano. Nos sirven para ver las cosas con otros ojos, enriquecer las ideas y facilitar la comunicación brindando una reinvención del sentido de las cosas, ampliando el umbral del entendimiento. Dado ese carácter innovador y transformador de las metáforas nos resultara imposible traducirlas en su literalidad y aún más generalizarlas entre las culturas.

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