martes, 17 de mayo de 2016

¿La ciudad de las luces?


Nunca he viajado fuera de mi país, la verdad es que por ahora no me siento interesado en viajar al extranjero en la medida en que no conozco casi NADA de este bello territorio llamado Colombia. Hace poco partí de mi ciudad natal por cuestiones académicas y llegué a una ciudad que en comparación a la mía es inmensa, Medellín. Una ciudad conocida por la droga, las prostitutas y el terrorismo recibía a un joven, inexperto, sediento de conocimiento y progreso; me moría por comprobar lo que decían de este pueblo, como le llaman los "rolos".

Ya han pasado unos meses en los que se puede decir que he caminado la ciudad, he asistido a eventos donde concurren todo tipo de personas y me he dejado contar lo que Medellín tiene por contarle a todos y cada uno de los turistas.

Centrándome un poco en la cartografía del territorio Medellín parece, literalmente, una cuna; es como un manto que arropa el gran Valle de Aburrá. Tuve la oportunidad de apreciar la extensión y la imponencia de la ciudad desde la línea K del metrocable de la ciudad que atraviesa las comunas 1 y 2 y sube hasta conectar con la línea L que conduce al Parque Regional Ecoturístico Arví, bellísimo por cierto. Al contemplar la cantidad de casas, edificios y carreteras fue inevitable pensar en cómo se vería de noche así, que en cuanto la universidad me lo permitiera tomaría una cámara e iría a un mirador a admirar esta obra de arte.

Como vivo solo y tengo el presupuesto ajustado no tuve otra elección distinta al cerro Nutibara que, a pesar de no ofrecer una vista distante y panorámica, me daba lo que pedía, la ciudad desde arriba.

Invite a unos amigos para no sentirme tan solo. A eso de las 8 de la noche llegamos y fue algo “agüesome”. La posición en la que me encontraba me transportaba a un videouego en el que podía controlar todo lo que allí sucedía, a la vez que me sentía intimidado porque a pesar de que lo intentaba no era capaz, ni de cerca, abarcar con un solo barrido de mis ojos la ciudad por completo cosa que en Villavicencio la tierra de la que vengo si pasa.
 
Cuando atenué un poco el asombro me fijé en el tipo de luz propio de cada barrio y me di cuenta de algo muy curioso; en las zonas populares de la ciudad predominaba la bombilla cálida mientras que en los altos edificios del Poblado las luces blancas se tomaban por completo el paisaje. Medellín se presentó ante mi como la ciudad de las luces, no tanto por su producción intelectual sino por la belleza y la perfeccion en la distribución de los focos, cuanto menos cautivador.

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