Axolotl
Julio
Cortázar
Todo comenzó en un momento en que súbitamente Cortázar empieza a pensar
mucho en los axolotl; considerando cada detalle analizado, después de las
experiencias que se desencadenaron desde el momento donde los conoció;
entrándose estas criaturas poco a poco en su mundo hasta llegar a convertirlo
en uno de ellos.
Un día al iniciar la
primavera, luego del tenaz invierno, Cortázar retoma su rutina, comenzando con
ir de visita al acuario Jardín des Plantes. Era amigo de los leones y las
panteras, pero esté día algo raro sucedía, los leones estaban feos y tristes; y
su pantera favorita dormía, por lo que decidió ir al acuario donde nunca había
asistido, además en el mismo lugar inesperadamente, se encuentra con los
axolotl. Desde el primer contacto visual que tuvo con éstos quedó fascinado por
su quietud, estableciendo de inmediato una relación casi al nivel humana. Luego
de esta primera experiencia, su inquietud lo condujo a visitar la biblioteca en
busca de información general sobre la criatura, sin pretender ahondar en esta.
Posteriormente continúo visitando diariamente el acuario puesto que encontraba
un extraño vínculo que lo unía profundamente al axolotl.
La abismal fascinación lleva a
Cortázar a hacer una descripción detallada de la forma física presentada por
los axolotl; dentro de las que se encuentran 7 partes del cuerpo. En primer
lugar la cabeza, vagamente triangular de lados curvos e irregulares; luego los
ojos, de oro, similares a dos orificios como cabeza de alfiler, carentes de
vida pero mirando, halo negro rodea el ojo gracias a la carencia de parpados; más adelante la boca, disimulada por
el plano triangular de la cara; después se encontraban las tres ramitas rojas,
que se suponía que eran branquias en ambos lados de la cabeza donde deberían ir
las orejas; posteriormente, un cuerpecito rosado como traslucido semejante al
de una pequeña lagartija de 15 cc que termina con una cola de pez, mencionando,
la parte más sensible de nuestro cuerpo, (aquí el personaje habla de sí mismo
como axolotl); seguidamente el lomo, por
el que corre una aleta transparente que
se fusiona con la cola; y finalmente las patas, muy finas acabadas en menudos
dedos con uñas minuciosamente humanas.
Los días comenzaron a
transcurrir hasta llegar a un punto donde Cortázar, aun creyéndose humano,
empieza a dudar que los axolotl fueran animales, por lo que se le ocurre ubicarlos
en una metamorfosis que los transpone en un plano humano; haciendo una especie
de paralelo que contrasta lo que el hombre vive en la época moderna; conscientes,
esclavos de su cuerpo, una mirada ciega, un silencio abismal. Luego comprende
que los axolotl no son seres humanos, pero los eleva a un nivel no de animal,
un nivel en el que no se lograba comprender pero que lo hacía sentirse innoble
frente a ellos y temeroso.
Dentro de estas criaturas se
podía evidenciar un sufrimiento, una tortura; purgaban algo en el fondo de ese acuario, una
condena eterna, había en ellos un
mensaje de dolor. Hasta que llegó el momento en que por fin se dio cuenta que
su esencia, su identidad ya no habitaba más ese cuerpo humano, se había
convertido en un axolotl. Al darse cuenta en primer momento sintió el horror
del enterrado vivo que despierta a su destino, se sintió preso en un cuerpo de
axolotl con el pensamiento de un hombre,
condenado a moverse lúcidamente entre criaturas insensibles.
Ahora el humano que fue él y con el que al
mismo tiempo, en principio podía comunicarse e influir silenciosamente, ya no
los visita tanto, los puentes están cortados entre ambos, asimismo ya no podía
mantener en ese humano, el deseo de conocerlos mejor, solo conservaba consuelo
al pensar que va a escribir algo sobre ellos, creyendo imaginar un cuento, va a
escribir todo esto sobre los axolotl.
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