sábado, 12 de marzo de 2016

AXOLOTL

Axolotl
Julio Cortázar

Todo comenzó en un momento en  que súbitamente Cortázar empieza a pensar mucho en los axolotl; considerando cada detalle analizado, después de las experiencias que se desencadenaron desde el momento donde los conoció; entrándose estas criaturas poco a poco en su mundo hasta llegar a convertirlo en  uno de ellos.
Un día al iniciar la primavera, luego del tenaz invierno, Cortázar retoma su rutina, comenzando con ir de visita al acuario Jardín des Plantes. Era amigo de los leones y las panteras, pero esté día algo raro sucedía, los leones estaban feos y tristes; y su pantera favorita dormía, por lo que decidió ir al acuario donde nunca había asistido, además en el mismo lugar inesperadamente, se encuentra con los axolotl. Desde el primer contacto visual que tuvo con éstos quedó fascinado por su quietud, estableciendo de inmediato una relación casi al nivel humana. Luego de esta primera experiencia, su inquietud lo condujo a visitar la biblioteca en busca de información general sobre la criatura, sin pretender ahondar en esta. Posteriormente continúo visitando diariamente el acuario puesto que encontraba un extraño vínculo que lo unía profundamente al axolotl.
La abismal fascinación lleva a Cortázar a hacer una descripción detallada de la forma física presentada por los axolotl; dentro de las que se encuentran 7 partes del cuerpo. En primer lugar la cabeza, vagamente triangular de lados curvos e irregulares; luego los ojos, de oro, similares a dos orificios como cabeza de alfiler, carentes de vida pero mirando, halo negro rodea el ojo gracias a la carencia de  parpados; más adelante la boca, disimulada por el plano triangular de la cara; después se encontraban las tres ramitas rojas, que se suponía que eran branquias en ambos lados de la cabeza donde deberían ir las orejas; posteriormente, un cuerpecito rosado como traslucido semejante al de una pequeña lagartija de 15 cc que termina con una cola de pez, mencionando, la parte más sensible de nuestro cuerpo, (aquí el personaje habla de sí mismo como axolotl); seguidamente  el lomo, por el que corre  una aleta transparente que se fusiona con la cola; y finalmente las patas, muy finas acabadas en menudos dedos con uñas minuciosamente humanas.
Los días comenzaron a transcurrir hasta llegar a un punto donde Cortázar, aun creyéndose humano, empieza a dudar que los axolotl fueran animales, por lo que se le ocurre ubicarlos en una metamorfosis que los transpone en un plano humano; haciendo una especie de paralelo que contrasta lo que el hombre  vive en la época moderna; conscientes, esclavos de su cuerpo, una mirada ciega, un silencio abismal. Luego comprende que los axolotl no son seres humanos, pero los eleva a un nivel no de animal, un nivel en el que no se lograba comprender pero que lo hacía sentirse innoble frente a ellos y temeroso.
Dentro de estas criaturas se podía evidenciar un sufrimiento, una tortura;  purgaban algo en el fondo de ese acuario, una condena eterna,  había en ellos un mensaje de dolor. Hasta que llegó el momento en que por fin se dio cuenta que su esencia, su identidad ya no habitaba más ese cuerpo humano, se había convertido en un axolotl. Al darse cuenta en primer momento sintió el horror del enterrado vivo que despierta a su destino, se sintió preso en un cuerpo de axolotl  con el pensamiento de un hombre, condenado a moverse lúcidamente entre criaturas insensibles.
 Ahora el humano que fue él y con el que al mismo tiempo, en principio podía comunicarse e influir silenciosamente, ya no los visita tanto, los puentes están cortados entre ambos, asimismo ya no podía mantener en ese humano, el deseo de conocerlos mejor, solo conservaba consuelo al pensar que va a escribir algo sobre ellos, creyendo imaginar un cuento, va a escribir todo esto sobre los axolotl.


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