De la modernidad sabemos que
“la condición existencial del hombre contiene una ambivalencia sin remedio, una
mezcla de bien y mal. También sabemos que la enfermedad iba en el fondo
dirigida a curar […] anunciamos, con júbilo, el descubrimiento de un fármaco
milagroso para los males humanos… existe una buena, potenciadora y progresista
forma de pertenencia y se llama etnicidad, tradición cultural y nacionalismo
dulce. Las personas son diferentes y hay que dejarlas que continúen siéndolo”. El
consenso de la sociología se ha declarado culpable de la colaboración con las
prácticas nocivas del Estado nación, pero todavía tendrán que pasar muchos años
para que se desvelen los efectos nada alentadores de los estilos que propone la
sociología actual de construir identidades.

No hay comentarios:
Publicar un comentario